Ethereum: orden y entropía como servicio

El criptosistema Ethereum, gracias a la versatilidad de la máquina universal de Turing que hace funcionar a escala planetaria y de forma ininterrumpida, y la capacidad de ésta para la interpretación de los llamados contratos inteligentes de forma autónoma e inalterable, permite sin duda el desarrollo de nuevos e interesantes aplicaciones y servicios, así como nuevas formas de hacer negocios a través de Internet. Por primera vez tras 70 años desde la creación del primer computador electrónico, Ethereum logra encarnar lo que, a mediados de los 90s, en los mismos comienzos de la era Internet, constituía un mero lema comercial: “the network is the computer”.

El gran potencial de Ethereum para revolucionar un cada vez mayor número de sectores productivos y áreas de negocio de la economía, resulta cada vez más evidente y notorio estos días en los medios de comunicación de todo el mundo. Una de las potencialidades de Ethereum radica en su idoneidad para el diseño e implantación de servicios y modelos de economía colaborativa a escala global, sin necesidad de centralización, ni posibilidad de censura, por ninguna persona u organización ajena a la propia red. Permite además experimentar con nuevos modelos disruptivos para el ordenamiento de colectivos de personas, organizaciones e incluso de la sociedad en su conjunto, con los que hasta ahora tan sólo se podía teorizar (e.g.: futurocracia).

No obstante, hoy en día el uso más conocido de la red Ethereum, se ciñe a la no menos interesante capacidad de implementar criptomercados descentralizados para la compraventa de criptoactivos, mediante lo que se conoce como estándar ERC20. En función de cómo se orienten, estos criptoactivos ofrecen una, o varias, de las siguientes utilidades: (a) ICOs [1], o mecanismos de “crowfunding”, con los que financiar proyectos e iniciativas empresariales; (b) compraventa de títulos de participación, o “cripto-acciones” de los resultados de explotación de una Organización Autónoma Descentralizada (o DAO [2]); y (c), compraventa de derechos de explotación sobre un servicio, “materia prima”, o commodity.

Es a través de esta última vía que un DAO sería capaz de generar ingresos, más allá del capital social aportado por posibles socios, y por tanto capaz también de generar resultados de explotación y reparto de dividendos. Los servicios prestados por un DAO son naturalmente aquellos que puedan codificarse sobre las capacidades inherentes a la Máquina Virtual Ethereum (EVM), y por supuesto a la cadena de bloques de Ethereum. Habida cuenta que la EVM se trata de una máquina de Turing totalmente aislada de los nodos de la red, en los que funciona al mismo tiempo de forma individual pero perfectamente sincronizada, creemos que son tres los tipos de servicio, o “commodities”, que son susceptibles de ser explotados por un DAO: (1) aquellos que implementan mecanismos para establecer orden y normas en flujos de información, también monetarios, procedente de una población abierta, o preseleccionada, de agentes externos (por ejemplo: implementar mecanismos de subastas, mercados para intercambio de criptoactivos, etc.); (2), aquellos que básicamente comercializan acceso a flujos de información “off-chain”, exteriores a la cadena de bloques propia de Ethereum, a través de lo que se conocen como oráculos (por ejemplo: compraventa de objetos o intangibles del mundo real; compraventa de tokens, o tickets, para acceso a servicios o contenidos disponibles en la Internet off-chain, etc.); y finalmente (3), servicios capaces de extraer entropía inherente a flujos de información generada por una población abierta de individuos, preferiblemente off-chain y no sesgada.

De los tres casos antes expuestos, tan solo (1) y (3) pueden implementarse de forma puramente descentralizada, sin depender por tanto de oráculos en los que los usuarios del servicio deban depositar previamente su confianza, y cuya reputación debe ser cuestionada, y probada, de forma permanente.

La conclusión es que el valor intrínseco de un DAO en Ethereum, es decir su capacidad para generar “plusvalías” sin dependencias del mundo exterior off-chain (ya sea material, o el mundo intangible de Internet o de otros criptosistemas), se resume en la prestación de dos tipos de servicios: el ordenamiento de flujos de información intercambiados entre una población de individuos; y la extracción de entropía inherente a dichos flujos de información. Dicho con otras palabras, puede entenderse Ethereum como un criptosistema cuyo valor intrínseco, más allá de la cotización de su criptomoneda asociada en los mercados “off-chain”, es su capacidad para ofrecer “orden” y “entropía” como servicio (“as-a-service”).

Las plataformas desarrolladas sobre Ethereum para el ordenamiento de criptomercados, o la comercialización de criptoactivos, a las que antes nos hemos referido, explotan fundamentalmente las facetas (1) y (2). No es de extrañar, por otro lado, que la aplicación más directa de la tercera faceta de Ethereum, como fuente o, mejor dicho, calculadora de entropía, sea la generación de números aleatorios.

 


[1] ICO, o Initial Coin Offering, se traduciría como “Oferta Inicial de Moneda”. El término ICO se ha concebido en similitud al de IPO (o, Initial Public Offering), o en castellano OPV (Oferta Pública de Venta), que es como se denomina en los mercados bursátiles primarios cuando una empresa sale a bolsa y ofrece “acciones” a posibles inversores, a cambio de dinero. La finalidad de ambos es básicamente obtener financiación para la realización, o continuidad, de un proyecto empresarial.

[2] DAO, Decentralized Autonomous Organización. Se conoce como tal a una organización virtual con entidad propia en el contexto del criptosistema Ethereum, que funciona de forma autónoma en base a unas reglas deterministas codificadas para su ejecución por la Máquina Virtual Ethereum (EVM), mediante lo que se conoce como “contratos inteligentes”, y que dispone de acceso, tanto de lectura como escritura, a la cadena de bloques.